La IAM es un componente crítico de las empresas modernas, constituye la base de la infraestructura de seguridad de TI de una organización y representa la primera línea de defensa frente a los ciberataques. Es necesario controlar quién tiene acceso a qué para mitigar el riesgo y reconocer y detectar comportamientos inusuales. Y, a medida que más empresas adoptan servicios en la nube y automatización, es vital que protejan sus identidades no humanas, que a menudo tienen privilegios elevados y son objetivos prioritarios de ataque.
Aunque generalmente se asocia la IAM con sus beneficios en materia de seguridad, también contribuye a optimizar los procesos empresariales y a mejorar la productividad. Un buen ejemplo es el inicio de sesión único (SSO), que permite a todos los usuarios autenticarse una sola vez y acceder de forma segura a todos los servicios y aplicaciones autorizados. Ayuda a eliminar la fatiga de contraseñas (y el riesgo de notas con contraseñas rondando por la oficina), reduce el número de solicitudes de restablecimiento de contraseñas para el equipo de TI y permite a los empleados trabajar más rápido. La IAM también automatiza el aprovisionamiento y desaprovisionamiento a lo largo del ciclo de vida de la identidad (ILM), lo que reduce significativamente la carga de trabajo del equipo de TI y ayuda a garantizar que las cuentas se desactiven en cuanto una persona abandona la empresa. En pocas palabras, la IAM protege tanto a las organizaciones como a los empleados.