La computación en la nube consta de tres componentes principales: centros de datos, virtualización y redes. Agrupa grandes recursos de computación —como servidores, almacenamiento y redes— en enormes centros de datos a los que los usuarios pueden acceder bajo demanda a través de Internet. Con el software de virtualización, los recursos de un servidor físico se pueden dividir en varios servidores virtuales flexibles. Las redes de alta velocidad son un componente crucial de la computación en la nube, ya que permiten una baja latencia, una alta fiabilidad y una escalabilidad más sencilla.
Las operaciones en la nube requieren cinco componentes clave:
1. Agrupación de recursos
Los enormes centros de datos con numerosos servidores, almacenamiento a gran escala y redes de alta velocidad comparten recursos para ofrecerse como una única entidad operativa al cliente. El software de virtualización permite a los proveedores de nube crear varios servidores virtuales que se ejecutan en un único servidor físico.
2. Orquestación
Las herramientas de orquestación, como OpenStack y AWS Auto Scaling, pueden asignar recursos al instante a petición de los usuarios.
3. Prestación de servicios
Es el modelo mediante el cual los proveedores de servicios en la nube ofrecen recursos de computación a través de Internet bajo demanda. La mayoría de los servicios en la nube se ofrecen en una de estas cuatro modalidades: infraestructura como servicio (IaaS), plataforma como servicio (PaaS), software como servicio (SaaS) o informática sin servidor (serverless), según las necesidades del usuario.
4. Acceso
Los usuarios finales acceden a los servicios a través de navegadores web, API o aplicaciones móviles mediante un modelo de pago por consumo.
5. Seguridad y supervisión
Los proveedores de nube ayudan a garantizar un acceso seguro mediante cifrado, firewalls y otros métodos. La redundancia suele integrarse en los servicios en la nube para permitir una recuperación rápida en caso de fallo del servicio.